
La vida no siempre es color de rosa, existen momentos en los que las preocupaciones toman el timón de nuestros pensamientos y nos hunden en un mar de angustia y estrés emocional.
Nuestro cerebro crea estás posibles situaciones futuras para estar preparado con anticipación, el problema aparece cuando esas múltiples preocupaciones comienzan a afectar tu bienestar.
Pero ¡ya no te preocupes por preocuparte! en este breve artículo quiero compartir contigo 3 formas saludables que te ayudan a conducir tus preocupaciones a una zona segura para vivir y sentirte mejor. Así que si sueles preocuparte demasiado, esto es para ti.
Si miras mucho tiempo dentro del abismo, el abismo termina mirando dentro de ti - Nietzsche
Esa frase me dejo pensando…
Me parece que cuando miramos a las preocupaciones durante mucho tiempo, las preocupaciones comienzan a invadirnos también. Nuestros pensamientos se impregnan de sensaciones negativas ante situaciones hipotéticas e imaginarias.
Mantener un pensamiento de preocupación o angustia, es algo que nos ha pasado a todos y generalmente este espiral de inquietudes exponenciales (porque se multiplican) comienzan con un inofensivo “¿Y si…?” …
Por ejemplo: “¿y si me despiden del trabajo y no logro encontrar otro?”, “¿y si algo le ocurrió en el camino y por eso no ha llegado?”, “¿y si lo que conversamos le molestó?”, “¿y si no apruebo el examen?”, etc.
Hacer simulaciones mentales ante lo que puede ocurrir en el futuro es algo humano, es como si nuestro cerebro hiciera “ensayos mentales” ante posibles amenazas del futuro para estar preparado con anticipación.
Y eso está bien, porque así podemos enfrentarnos mucho más rápido ante cualquier situación que nos ponga en algún tipo de riesgo.
El problema empieza cuando nuestra gran imaginación crea múltiples simulaciones mentales que quizás no ocurran jamás o que se presenten en el futuro lejano (y no ahora) por eso, lo único que ocasionan es dejarte con un abismo de consecuencias como angustia, estrés o ansiedad.
Entonces si la vida no siempre es color de rosa ¿qué podemos hacer cuando nos preocupamos demasiado?…
Aquí tengo algunas formas saludables de manejar nuestras preocupaciones (y no te preocupes, te prometo que es un artículo bien cortito) sigue leyendo.

Pueden existir muchos motivos, por ejemplo: experiencias pasadas, presentimientos o corazonadas, anécdotas de alguien más, las noticias de la televisión reflejadas en tu rutina, etc.
Pero, existe una razón sumamente común que explica por qué caemos en patrones de preocupación y se trata de sentirnos en control.
Te explico mejor, cuando nos enfrentamos a una situación temerosa o desconocida ante la cual no podemos hacer nada de momento, los pensamientos de preocupación nos dan una ilusión de control.
Es posible que no podamos realmente hacer nada con respecto a un problema o situación en particular, pero el simple hecho de preocuparnos nos hace sentir que estamos haciendo algo respecto ante eso que nos preocupa.

Según la psicología del comportamiento, nuestros hábitos se refuerzan porque nos aportan una recompensa positiva inmediata o porque eliminan una recompensa negativa. En este caso, la preocupación es un reforzador negativo porque elimina algo que no queremos sentir: la impotencia de no poder hacer nada y así sentirnos momentáneamente mejor.
Suena raro pero, esta es una de las razones que pueden explicar por qué solemos invertir energía mental en pensamientos de preocupación que no tienen una acción inmediata, y que además a la larga pueden afectarnos.
Nosotros simplemente estamos tratando de hacer simulaciones mentales una y otra vez sobre una situación en particular con la finalidad de sentirnos en control 1
Pero, es una paradoja porque mientras más nos preocupamos en algo concreto, más perdemos el control y la capacidad para enfrentarnos de la mejor forma, sigue leyendo para descubrir por qué ocurre esto...
Cuando tu cerebro trata de predecir los posibles desenlaces de una situación y detecta un resultado negativo, entonces activará los sistemas de alerta para así prepararte ante cualquier riesgo latente.
Estos sistemas de alarma son, en realidad, una cascada de hormonas y sustancias que generan lo que conocemos como estrés.

Algunas de estas sustancias que activan la alarma es el “cortisol” y la "adrenalina". Las cuales tienen un efecto en tu cuerpo y mente, por ejemplo: aumentan tu ritmo cardíaco, contraen tus músculos y en general, te preparan para huir o pelear contra lo que esté por venir (desde una entrevista importante, hasta un tigre en la selva).
Pero, si el cortisol permanece en tu cuerpo por periodos prolongados, es decir, cuando te preocupas demasiado durante mucho tiempo, pueden aparecer repercusiones en tu salud como: dificultad para dormir, irritabilidad, inmunidad debilitada, etc.
Y si todo esto te suena a película de terror, estoy segura de que después de leer las siguientes consecuencias de preocuparse demasiado, querrás tomar acción cuanto antes para lidiar mejor con las preocupaciones en tu vida.

Si tu mente está siendo absorbida por un torbellino de preocupaciones, lo más probable es que tu capacidad para enfrentarte a otros problemas, ser creativo o lograr lo que te propones, se vea seriamente limitada.
Cuando nos angustiamos ante un posible desenlace negativo en el futuro, procrastinar se vuelve habitual.
Por ejemplo: si te preocupa demasiado no conseguir un empleo, es más probable que se procrastine el comenzar la búsqueda de un empleo nuevo, como un reflejo para evitar toparte con el desenlace negativo que tu mente imaginó.
Si una preocupación se instala en tu mente, comienza poco a poco a hacerte creer que no tienes la capacidad suficiente para hacer frente a lo que venga (sea bueno o malo), lo cual también puede expandirse a otras áreas de tu vida (y crear más preocupaciones).
Supongamos que tienes una carrera de 5 km en puerta, pero te preocupa demasiado no lograr llegar a la recta final, ser el último lugar o defraudar a tu familia, quizás estás preocupaciones realmente obstaculizan tu desempeño y hacen que tu resultados sean peores.
Todos nos preocupamos en mayor o menor medida y buscamos “apagar” esos pensamientos con alguna actividad o escape que nos genere un alivio temporal, lo cual no está del todo mal si se trata de hacer ejercicio o charlar con un amigo, pero, desafortunadamente no siempre es el caso.
Muchas veces el refugio ante las preocupaciones son actividades que perjudican tu bienestar y salud agravando así todo el cuadro. Por ejemplo: viendo televisión hasta tardísimo, comiendo sin control, comprando cosas innecesarias, bebiendo alcohol, etc.
Además, los “escapes” de cualquier tipo, ya sea unas vacaciones en la playa o una tarde de cine, no son la solución completa a las preocupaciones porque cuando vuelvas a tu rutina normal, aún estarán ahí esperándote.
Por mucho que trates de distraerte para esconderlas, simplemente no se van a ir…
Pero ¡no te preocupes! todo tiene una solución, así que deja de barrer tus preocupaciones debajo del tapete y mejor aprende a lidiar con ellas de forma saludable.
Nota: Si los pensamientos de preocupación están afectando gravemente tu vida, busca ayuda de un profesional cuánto antes
Al terminar, me encantaría saber de ti: escríbeme en los comentarios ¿cuál pondrás en práctica?…

Cuando te desahogas sobre un papel, algo mágico sucede: las preocupaciones dejan de vivir en tu mente y se mudan al papel.
Y aunque no lo creas, esto hace la gran diferencia por 3 razones:
Así que escribir es una solución simple y accesible para manejar mejor las preocupaciones.
Además, si haces un ritual personal antes o después, el efecto puede potenciarse; algunos ejemplos de ritual son: romper el papel con las preocupaciones después de escribirlas, poner música mientras lo haces para relajarte o respirar profundo al terminar por unos minutos.
Extra Tip: Escribe también una posible acción para solucionar eso que te preocupa e incluso una fecha para ponerla en práctica, verás el alivio mental que experimentas después

¿Conoces ese cuento indio sobre los lobos?...
Una noche un anciano indio Cherokee le contó a su nieto: “Dentro de cada uno de nosotros hay una batalla entre dos lobos. Uno de ellos es un lobo malvado y violento, lleno de ira y agresividad. El otro es todo bondad, amor, alegría y compasión”. El nieto se quedó unos minutos pensando sobre lo que le había contado su abuelo y finalmente le preguntó: ”Dime abuelo, ¿cúal de los dos lobos ganará?”.Y el anciano indio respondió: “Aquél al que tú alimentes” 2
Creo que con los pensamientos de preocupación las cosas son similares: si continuamos alimentando nuestra angustia con más información o más posibles desenlaces negativos, estaremos dándole suculentos manjares a ese insaciable monstruo de preocupaciones que no para de crecer.
No tienes que ser un optimista iluso ante lo que sucederá, pero puedes convertirte en un realista positivo y tomar acción con lo que tienes ahora y con lo que puedes hacer hoy.
Canaliza toda esa energía invertida en preocuparte en pensamientos útiles, en energía para mejorar algo pequeño o en energía para dar un paso chiquito hacia la meta.

Ten la confianza de que sabrás resolver o enfrentar lo que se te presente en la vida, así sea doloroso o irreparable.
Quédate con la tranquilidad de saber de que tú ya cuentas con las habilidades necesarias para afrontar cualquier dificultad y obstáculo que pudiera aparecer.
No necesitas estar preocupado sino saber que ya estás preparado
Tu paz mental es más importante que intentar resolver los miles de problemas simulados por tu mente con anticipación.

La moraleja es que tomes acción con lo que puedas y todo lo que esté fuera de tu control, simplemente déjalo ir.
No importa cuánto intentes resolver algún problema o cambiar el desenlace de una situación por adelantado, muy probablemente los resultados no siempre serán de la forma en que los deseas.
Y si lo piensas ¡eso es genial! la vida es muy corta, deja que te sorprenda.
Así que si sueles preocuparte demasiado, solo respira profundamente, todo va a estar bien.
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Sobre Tania Sanz:
Nutricionista y emprendedora, llevo más de una década enseñando cómo mejorar hábitos, alimentación y estilo de vida con estrategias prácticas y basadas en evidencia.
