
¿Has usado alguna vez Chat Gpt o cualquier otra IA? ¿Quizás para buscar información, para que te ayude a editar un texto o para recibir algún consejo antes de tomar una decisión?
Yo lo hago todos los días. Es fácil y accesible, pero me inquieta una cosa: cada vez delegamos más procesos cognitivos y creativos.
¿Y si terminamos con un cerebro sedentario? Leíste bien: sedentario.
Sigue leyendo para conocer seis hábitos que deberías tener en la era de la inteligencia artificial.
«¡Ya, por favor, úsame un poco!» — Tu cerebro cuando le preguntas a ChatGPT cuánto es 5 + 2.
Hace más de trescientos años, un médico ya describía molestias asociadas con pasar muchas horas sentado.
En el año 1700, Bernardino Ramazzini publicó De morbis artificum diatriba, donde describió los problemas de salud de oficios sedentarios como los sastres, zapateros y escribanos. 1 2
También recomendó el movimiento en los días festivos (muy bien por Bernardino). 2
Si avanzamos un poco más hasta la revolución industrial, muchos trabajos en fábricas, minas y el campo seguían exigiendo esfuerzo físico.
Después, nuevas tecnologías fueron haciendo posibles muchos trabajos y desplazamientos con menos esfuerzo físico.
Podíamos trabajar sentados.
Podíamos desplazarnos sentados
Podíamos regresar a casa y ver la tele… sentados
Uff ¡qué alivio!
Pero entonces apareció un problema: nos convertimos en sedentarios.
Nos hacía falta el movimiento.
Pasaron años antes de que el sedentarismo se estudiara como un problema de salud pública.
Hoy las recomendaciones de salud pública incluyen moverse con regularidad y reducir el tiempo sedentario. 3
Con la Inteligencia Artificial puede estar pasando algo parecido.
Si delegamos siempre nuestras decisiones y razonamientos a la IA, podríamos dejar de practicar tareas que antes hacíamos por nuestra cuenta.
No hay pruebas de que usar IA, por sí mismo, dañe el cerebro. Pero sí vale la pena preguntarnos: ¿qué ocurre cuando dejamos de hacer tareas que antes requerían atención, memoria o criterio?
Tal vez nos estemos saltando demasiadas ocasiones de pensar por nuestra cuenta.
A eso le llamo, en broma, un «cerebro sedentario».
No es un diagnóstico ni un término científico: me acabo de inventar esta metáfora.
Pero, sí que tenemos antecedentes de lo que ocurrió con la llegada de Google.
En vez de investigar algo desde cero en una biblioteca o en otras fuentes, los buscadores nos facilitaron el acceso a la información.
En un experimento sobre la búsqueda en Internet, las personas recordaban mejor dónde encontrar información que algunos datos en sí. 4
Con la IA, además, la respuesta puede llegar ya redactada. En una encuesta a 319 trabajadores, una mayor confianza en que la IA podía realizar una tarea concreta se asoció con menos pensamiento crítico declarado al usarla. Y aunque es una asociación basada en autoinformes, no una prueba de daño cognitivo, puede verse que estamos dejando de confiar en nuestro propio razonamiento 5
El fenómeno de apoyarnos en herramientas externas para algunas tareas mentales se llama descarga cognitiva. No siempre es algo malo: puede ayudarnos a dedicar recursos a otra cosa. 6
La analogía con el sedentarismo me sirve para hacerme una pregunta clave:
Si una tecnología me ahorra esfuerzo, ¿qué tareas quiero seguir intentando por mi cuenta?
La historia del sedentarismo y la actividad física no nos permite predecir qué efectos tendrá la IA a largo plazo.
No sabemos si seguirá el mismo camino. Pero sí podemos decidir cómo queremos usarla hoy.
Si eres humano, usas IA y estás leyendo esto, elige por lo menos una de las siguientes actividades para cuidar tu cerebro.
El papel no te deja hacer trampa y esa es su virtud.
No tienes copy + paste
No tienes autocompletar con IA
No tienes revisión ortográfica.
No puedes hacer otra cosa al mismo tiempo
Y tienes que decidir qué quieres decir
En un metaanálisis de estudios sobre apuntes de clase, tomar notas a mano se relacionó, en promedio, con una pequeña ventaja en el aprendizaje frente a teclearlas. 7
Eso no significa que cualquier lista escrita a mano sea mejor que una digital. Pero vale la pena probar el papel cuando quieres entender o elaborar algo.
También puedes cerrar un libro o los apuntes de una reunión y escribir lo que recuerdas sin mirar. Ahí no solo escribes: intentas recuperar información de tu memoria. 8
Y si por la noche no dejas de pensar en lo pendiente, prueba a escribir una lista concreta de tareas. En un pequeño experimento, quienes anotaron tareas pendientes antes de acostarse se durmieron antes que quienes escribieron lo que ya habían hecho. 9
Supongamos que quieres ser taxista en Londres.
Para conseguir la licencia tienes que aprenderte una cantidad enorme de calles y lugares.
Parece una prueba nivel James Bond, pero es real.
Un estudio siguió durante años a aspirantes a taxistas: quienes superaron la formación mostraron un aumento de materia gris en una región del cerebro relacionada con la memoria espacial. 10
Pero, no hace falta memorizar Londres.
Aprender tareas nuevas y exigentes puede producir cambios medibles en algunas capacidades cognitivas; un estudio de personas mayores de 60 años examinó actividades practicadas de forma constante como la fotografía digital. 11
Puedes elegir baile, malabares, canto, pintura, una manualidad o un juego de mesa que todavía no domines.
Lo interesante es que tengas algo que aprender y practicar, no pasarte el rato viendo tutoriales sobre ello ¿vale?
Hubo algún tiempo en el que nos comunicábamos así:
Se escucha como la prehistoria…
Hoy podemos comprar, trabajar y hasta jugar sin hablar físicamente con nadie.
Pero hay conversaciones que vale la pena conservar en persona: un café, una comida sin móviles o ese buen chisme que empieza con “te tengo que contar algo”.
Conversar en persona nos pide hacer varias cosas a la vez, aunque nos parezca fácil.
Le exige al cerebro preparar una frase, escuchar activamente, comprender, anticipar, leer el tono y los gestos.
Hay un dato curioso sobre las conversaciones creativas.
En experimentos donde parejas tenían que generar ideas, las parejas por videollamada produjeron menos ideas creativas que las que estaban juntas en persona. 12
Una suscriptora me escribió que imprimía mis artículos para leerlos más de una vez. Me llegó al corazón su mensaje.
Y yo agradezco profundamente que estés aquí.
Actualmente todo el mundo lee en una pantalla, y no se nota la diferencia en la comprensión, de hecho eso es lo que encontró un metaanálisis 13
Sin embargo, el papel tiene ventajas: puedes elegir una lectura sin notificaciones, ni ventanas abiertas. Si eso te ayuda a concentrarte, ya es una buena razón para probarlo.
Y no hace falta empezar por un libro: leer las noticias en el periódico o volver a hojear una revista puede ser una forma agradable de empezar (o retomar) el hábito de la lectura.
Además, el tacto también influye. Un libro físico tiene geografía: sabes si algo estaba al principio o al final, en la página de la izquierda o arriba, y sientes cuánto te falta por el grosor de las páginas.
En un estudio que comparó un relato largo leído en libro impreso o en Kindle, los grupos comprendieron el contenido de manera parecida, pero el grupo de Kindle reconstruyó peor el orden de algunos acontecimientos. 14
Si lees antes de dormir, también hay una diferencia entre un libro de papel y un lector con pantalla luminosa: en un pequeño experimento, el dispositivo emisor de luz afectó el sueño y el ritmo circadiano. 15
Tengo un talento oculto: soy una rockola andante.
Las canciones se me graban durísimo. Me puedo acordar de estrofas completas de canciones que escuché hace años (sí, también de wisin y yandel).
En un estudio, participantes que practicaron técnicas usadas por expertos en memoria durante seis semanas mejoraron en tareas de recuerdo. 16
Una de esas técnicas es el método de los lugares: colocas mentalmente lo que quieres recordar en puntos de un recorrido que conoces bien. Podrías probarlo con los puntos de una presentación o un poema.
Los investigadores observaron cambios en la conectividad de redes cerebrales tras ese entrenamiento. Eso no significa que memorizar cualquier dato tenga el mismo efecto. 16
Y la última actividad para darle trabajo a tu mente es…
(sonido de tambores)
¡Hacer ejercicio!
Es que hacer ejercicio es bueno para tu cuerpo en todos los sentidos posibles.
La evidencia sobre ejercicio y cognición incluye, entre otros, estos resultados:
No necesitas practicarlas todas por separado. Una clase de baile, por ejemplo, reúne una habilidad que aprender, movimiento y tiempo con otras personas.
Y convertir una actividad en hábito no siempre es tan simple. La buena noticia es que puedes empezar con una pequeña prueba.
Por eso preparé una guía gratuita y práctica para elegir una actividad, darle un lugar en tu día y decidir qué harás cuando sí uses IA.
También incluye dos propuestas para usar la IA sin saltarte siempre tu propio intento.
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Ramazzini B. De morbis artificum diatriba [Internet]. Mutinae: Antonii Capponi; 1700. Disponible en: https://wellcomecollection.org/works/vh8er3wf
Ramazzini B. De Morbis Artificum Diatriba [Diseases of Workers]. Am J Public Health. 2001;91(9):1380-1382. doi:10.2105/ajph.91.9.1380.
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